Destrezas felinas

Para Lara y Salua












Mi gata se pasea entre el desorden de mi escritorio,
con sigilo olisquea las palabras
y a veces las bufa cuando ellas le ladran 
desabridas
o brincan a tontas y a locas entre los pelos de sus bigotes.
(Con ellas, a escondidas, le compone poemas al rey de los atunes).

Se enreda entre mis piernas, 
olfatea silencios en las tardes de otoño
y me lame los dedos si huelen a diciembre,
se restriega mimosa contra las mañanas de agosto
y celosa se indigna de mis compañías en las primaveras
haciéndose la sorda.


En los recovecos de mis noches vacías 
busca su acomodo
y ronronea acunando mis frecuentes ausencias.
En ocasiones se lima las uñas
arañando los muebles que se apolillan
en las habitaciones interiores (al fondo del pasillo)
de la parte trasera de mi alma
y allí juguetea 
enredándose en la enmarañada madeja de las dudas
o se estira aburrida de estar dormitando 
acurrucada en la penumbra de torpes esperanzas.


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