Entradas

VUELVO A 1937

Los veo de pie ante los portones de sus universidades.
Veo a mi padre saliendo bajo el arco de arena ocre,
las tejas rojas brillando como platos
doblados de sangre tras su cabeza.
Veo a mi madre con libros ligeros en su cadera,
de pie ante la columna de pequeños ladrillos
con los portones de hierro forjado, aún abiertos tras ella,
sus puntas de espada un brillo en un día de Mayo. 
Están a punto de graduarse. Están a punto de casarse.
Son niños. Son tontos. Sólo saben que son
inocentes y que jamás lastimarían a nadie.
Quiero ir y decirles que ¡quietos!, que no lo hagan.
Que ella es la mujer equivocada,
que él es el hombre equivocado. Que van a hacer cosas
que nunca se imaginarían haciendo.
Que le harán daño a los niños.
Que sufrirán de forma inimaginable.
Que desearán morirse. Quiero ir
y decírselo a la luz de Mayo.
Ella, su cara, hermosa y hambrienta se giraría hacia mi,
su cuerpo, hermoso y patético, intocado.
Él, su rostro, atractivo y arrogante se giraría hacia mi,
su cuerpo, hermoso y patético, intocad…

Poetas andaluzas en El diario (8 de marzo)

Me hace feliz verme citada entre todas estas enormísimas poetas andaluzas, sentirme así de acogida como "poeta andaluza"y ser parte de este intermibable y poderoso tejido de versos y mujeres (estas y otras muchas...)

http://www.eldiario.es/andalucia/lacajanegra/libros/Poetas-andaluzas-verso-dando_0_619438232.html

ingenuidad

Ingenuidad no es sabiduría. Muchas veces es inconsciencia. La inconsciencia es peligrosa. Ingenuidad no es bondad. Las personas "buenas" no son ingenuas. Conocen su lado sombrío. Y conocen los lados sombríos de los otros. Y optan. Quizá las personas buenas y sabias hayan conseguido preservar o construir una confianza en el mundo que les hace parecer ingenuos y entusiastas como niños. Pero no son niños. Ingenuidad tampoco implica necesariamente maldad. Aunque conozco a malvados que parecen poseer una ingenuidad un poco escalofriante. Y conozco a muchas personas ingenuas que se alían con gente malévola muy consciente de sus actos y les ayudan así a crear terroríficas ficciones de bondad.

malos tiempos para la universidad

Yo que despotrico tanto contra el armazón universitario quiero dejar claro lo privilegiada que me siento muchas veces por poder compartir tiempo y espacio dedicado a temas que me tocan profundamente con gente que no tiene la vida bajo sus pies sino en sus manos.

No basta

Soltar
No basta con
decidir abrirte.
Debes hundirte los dedos
en el ombligo, con las dos manos
agrietarte,
derramar los lagartos y los sapos
las orquídeas y los girasoles,
virar al revés el laberinto.
Sacudirlo.
Sin embargo, no te vacías del todo.
Quizás una flema verde
se esconde en tu tos.
Tal vez no sabes que la tienes
hasta que un nudo
te crece en la garganta
y se convierte en rana.
Te cosquillea una sonrisa secreta
en el paladar
lleno de orgasmos diminutos.
Pero tarde o temprano
se revela.
La rana verde croa sin discreción.
Todos miran.
No basta con abrirte
una sola vez.
De nuevo debes hundirte los dedos
en el ombligo, con las dos manos
desgarrarte,
dejar caer ratas muertas y cucarachas
lluvia de primavera, mazorcas en capullo.
Virar al revés el laberinto.
Sacudirlo.
Esta vez debes soltarlo todo.
Enfrentar el rostro abierto del dragón
y dejar que el terror te trague.
˜Te disuelves en su saliva
˜nadie te reconoce hecha charco
˜nadie te extraña
˜ni siquiera te recuerdan
y el laberinto
tampoco es creación tuya.
Y has c…

de ovillarse y desovillarse

Hay tardes en las que me ovillo durante un rato. Junto a mi gata, si es que ella ha elegido también el sofá. Suele coincidir con el comienzo del otoño. Pero no es una regla demasiado fija. Es verdad que sucede casi siempre que me tropiezo con una piedra de las de corazón (en el de alguien o en el mío; los corazones se parecen bastante cuando se trata de estados pétreos). Las piedras del corazón son un poco como las de los riñones o las de la vesícula. Pero más duras. Y cuentan historias. Dan también, a veces, unos cólicos tremendos. Y a menudo se intentan expulsar procurando hacer daño al otro.
Es también cierto que, en ciertas ocasiones, suelo acabar desovillándome al poco rato si la gata está al lado. Mi postura suscita su curiosidad y he de cesar necesariamente de cavilar sobre las historias que cuentan las piedras porque termino no soportando las cosquillas que me hace con los bigotes. Entonces se me puede ocurrir llamar a Lupe. Que sabe mucho de piedras. Eso se nota. Aunque no nec…